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12 novembre

Poesía y Prosa

 
No conozco una manera mejor y más bonita para despedirse del mundo y de la vida.
 
Y pensar que después que yo muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera
indiferente a mi mansión postrera
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata
bañados por la luz del sol poniente,
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata
cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
Y pensar, que no puedo en mi egoísmo,
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar yo solo, hacia el abismo.
Y que la luna brillará lo mismo,
y ya no la veré desde mi caja. 
 
   
Agustín de Foxá.                                                                             
 
 
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Esta es la canción que ninguna mujer querría que le dedicaran jamás. Una mujer tiene que ser increiblemente malvada para que alguien sea capaz de escribir semejantes atrocidades sobre ella. Si yo fuera el protagonista de una canción así no me atrevería ni a salir de casa.
 
BRAVO
 
Bravo, permiteme aplaudir
por tu forma de herir mis sentimientos.
Bravo, te vuelvo a repetir
por tus falsos e infames juramentos.
Todo aquello que te di
en nuestra intimidad, tan bello,
quien me iba a decir
que lo habrías de volcar en sufrimiento.
Te odio tanto
que yo mismo me espanto
de mi forma de odiar.
Deseo que después de que mueras
no haya para ti un lugar.
El infierno es un cielo comparado con tu alma.
Y que Dios me perdone
por desear que ni muerta tengas calma.
Bravo, permíteme aplaudir
por tu forma de herir mis sentimientos.
 
                                                                          Luis Demetrio.
 
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Párrafo del que posiblemente sea el mejor líbro que se ha escrito sobre la mal llamada "violencia de género", de imprescindible lectura. A mi personalmente cada página me dejaba helado al leerlas.
Los hombres necesitan de mucho mimo y mucho cuidado. Son como los niños, que si no los tienes bien atendidos se te echan a perder. O como las plantas con eso de que hay que regarlas, también son así.
Yo disfruto teniendo a mi marido limpio y aseado. Cuando se enfada si no le tengo listo un pantalón, el que quiere ponerse, aguanto la bronca, porque sé que me la merezco. Y es que, como él dice, no tengo otra cosa que hacer y es mi obligación. Soy yo la primera que siente no haber averiguado que era el único que estaba sin planchar. Entonces tiene fácil solución porque se lo plancho en un momento.
Lo malo fue aquella mañana que justo quería la única camisa que tenía sucia. No me quedó más remedio que admitir que soy una descuidada, pedirle perdón y decirle que no volvería a pasar. Sin rechistar ni esto cuando me obligó a lavarla a mano con agua fría a las siete de la mañana, delante de él, secarla con el secador de mano, plancharla y guardarla en el armario bien dobladita, mientras él se ponía la que yo le había preparado.
Es mejor estar al tanto para que estas cosas no sucedan, espabilar y tenerlo todo al día, para que él no se disguste y no tenga que irse al trabajo de mal humor.
 
Dulce Chacón.
Algún amor que no mate.
 
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Te quiero
 
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos.
Te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
 
Si te quiero es porque eres mi amor,
mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
 
Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
Te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.
 
Tu boca que es tuya y mia,
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.
 
Si te quiero es porque eres mi amor,
mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
 
Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque eres pueblo te quiero.
 
Y porque amor no es aureola
ni candida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.
 
Te quiero en mi paraíso,
es decir, que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso.
 
Si te quiero es porque eres mi amor,
mi complice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
 
                                                                                 Mario Benedetti
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Más que a nadie
 
Que te quiero más que a nadie y más que a nada,
te lo he dicho con mis ojos centinelas,
te lo he dicho con mis manos que te celan,
te lo he dicho con mi lengua enamorada.

Que te quiero más que a cualquier otra cosa
te lo he dicho con el sol y los cometas,
te lo he dicho con el viento y la veleta,
te lo he dicho con el agua luminosa.

Que te quiero, te quiero, mujer.
Que te quiero y no hay nada que hacer.

Que te quiero sobre todas las mujeres,
te lo he dicho con el pan de cada día,
te lo he dicho con el miedo y la alegría,
con el tedio que nos mata y que nos muere.

Que te quiero como nunca te han querido,
te lo he dicho recreándome en la suerte,
más allá de la vida con la muerte,
más allá del amor con el olvido.

Que te quiero, te quiero, mujer.
Que te quiero y no hay nada que hacer.

Más que a nadie y más que a nada.
 
 Joan Manuel Serrat
 
 
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SONETO DE AMOR
 
 
Decir "te quiero" con la voz velada
y besar otros labios dulcemente,
no es tener sed, es encontrar la fuente
que nos brinda la boca enamorada.
 
Un beso así no quiere decir nada,
es ceniza de amor, no lava hirviente,
que en amor hay que estar siempre presente,
mañana, tarde, noche y madrugada.
 
Que cariño es más potro que cordero,
más espina que flor, sol, no lucero,
perro en el corazón, candela viva...
 
Lo nuestro no es así, a qué engañarnos,
lo nuestro es navegar sin encontrarnos,
a la deriva, amor, a la deriva.
 
 
Rafael de León.
 
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El solo ya ha terminado, la orquesta, como un grande y lento mar, avanzó y sumergió suavemente el canto del violonchelo, lo absorbió, lo amplió, como si quisiera conducirlo a un lugar dode la música se sublimara en silencio, la sombra de una vibración que fuera recorriendo la piel como la última e inaudible resonancia de un timbal aflorado por una mariposa.
 
 
    José Saramago. (Las intermitencias de la muerte)
 
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EL MATRIMONIO
 
Se supone que la gente se casa por amor pero en realidad la consecuencia del matrimonio a menudo es el exterminio del amor y de la pasión, que es su nido, su ostentación, su braceo. Él y ella se aman, se buscan, se muerden, van al cine, cruzan la calle a saltitos con esa estupidez que se tolera porque el amor consiste en cierta estupidez que no está mal vista. Pero tan pronto se casan, dejan de ir al cine y sucumben al video, que es la estafa de los sueños. El matrimonio reduce el tamaño de las cosas y lo envejece todo. Además. Cuando la pareja cuaja en matrimonio, en vez de dos pasar a ser docena y media porque se agregan los cuñados, los suegros, el dentista del tercero, el tipo de la gestoría, la mujer de tu barman... Lo cierto es que el matrimonio empieza siendo cosa de dos y acaba siendo algo con la animación de un paso de cebra.
 
  José Luis Alvite. (Historias del Savoy)
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SIN NOTICIAS DE GURB
 
Capitulo de un libro llamado "Sin noticias de Gurb" de Eduardo Mendoza. El protagonista un extraterrestre recien llegado a la tierra adopta forma humana y está buscando a su compañero que se ha perdido. Mientras abre una cuenta en un banco y manipulando el ordenador le añade 14 ceros a la cantidad..........y esto es lo que hace. Cada vez que leo este capitulo me pongo a reir sin parar. El libro está escrito en forma de diario.
 
15.00 Ahora que dispongo de dinero, decido recorrer la zona céntrica de la ciudad y visitar sus afamados comercios.
 
16.00 Entro en una boutique. Me compro una corbata. Me la pruebo. Considero que me favorece y me compro noventa y cuatro corbatas iguales.
 
16.30 Entro en una tienda de artículos deportivos. Me compro una linterna, una cantimplora, un camping butagas, una camiseta del Barça, una raqueta de tenis, un equipo completo de wind-surf (color rosa fosforescente) y treinta pares de zapatillas de jogging.
 
17.00 Entro en una charcutería y me compro setecientos jamones de pata negra.
 
17.10 Entro en una frutería y me compro medio kilo de zanahorias.
 
17.20 Entro en una tienda de automoviles y me compro un Maseratti.
 
17.45 Entro en una tienda de electrodomésticos y lo compro todo.
 
18.00 Entro en una juguetería y me compro un disfraz de indio, ciento doce braguitas de Barbie y un trompo.
 
18.30 Entro en una bodega y me compro cinco botellas de Baron Mouchoir Moqué del 52 y una garrafa de ocho litros de vino de mesa El Pentateuco.
 
19.00 Entro en una joyería, me compro un Rolex de oro automático, sumergible, antimagnético y antichoque y lo rompo in situ.
 
19.30 Entro en una perfumería y me compro quince frascos de Eau de Ferum, que acaba de salir.
 
20.00 Decido que el dinero no da la felicidad, desintegro todo lo que he comprado y continúo caminando con las manos en los bolsillos y el ánimo ligero.
 
 
Eduardo Mendoza. (Sin noticias de Gurb)
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No tengo un gran pasado. Arrastro divorcio y medio, un expediente escolar mediocre y mi sonrisa en las fotos de la infancia parecen hongos. Mi primera hazaña sexual fue operarme de fimosis. Fui un bebé robusto. Se corrió entre mi familia que había pesado más de cinco kilos al nacer y que a mi madre la comadrona le dijo que acababa de dar a luz a un cuñado. Supongo que algo así tendrían que haberlo entregado en comisaría. Lo mejor de mi currículum es la grapa. Tuve tres hijos y creo que están contentos sobre todo de lo que no les he transmitido. Si me registrase alguien ahora mismo sólo me encontraria encima dos dioptrías en cada ojo y una hernia de ombligo. También sé que mi madre todavía siente algo por mí porque me abraza sin guantes.
 
José Luis Alvite. (Historias del Savoy)
 
 
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    Soneto a mamá

    No es que no vuelva porque me he olvidado
    de tu olor a tomillo y a cocina,
    De lejos, dicen que se ve más claro,
    que no es igual quien anda y quien camina.

    Y supe que el amor tiene ojos verdes,
    que cuatro palos tiene la baraja,
    que nunca vueve aquello que se pierde
    y la marea sube y luego baja.

    Supe que lo sencillo no es lo necio,
    que no hay que confundir valor y precio
    y un manjar puede ser cualquier bocado

    Si el horizonte es luz y el rumbo un beso,
    no es que no vuelva porque te he olvidado....
    es que perdí el camino de regreso,

    Mamá....

     

     

                                                                        J. M. Serrat. (Canción infantil...)

     

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 SITIO PEQUEÑO

 

Cada vez que recuerdo el pubis de aquella
mujer, muchacho, me pregunto cómo un hombre de mi experiencia pudo perderse en un sitio tan pequeño.

   Ella se había sentado al fondo de la barra. Me fijé en su rostro. Parecía
a la vez terso y cansado, vencido acaso por una mala noche en la cama
equivocada, tal vez escarmentado por cuatro copas de más o prevenido por la
inminencia de una mala noticia. Lo cierto, maldita sea, es que tenía el
escabroso aliciente de esas mujeres cuyo rostro turbio parece una mancha en
tus gafas. Creo que así era Lara James cuando se casó con el pianista del
Savoy. Lara era más joven que todos los rumores a su alrededor, incluso más
joven que su pasado. A Larry su primera esposa le puso en antecedentes: «No
dudo de que esa chica sepa dónde guardas la billetera, cielo, pero no
estaría de más que supiese también en qué bolsillo llevas las pastillas para
las coronarias».

   El barman del Savoy puso mi copa deliberadamente cerca de la copa de
aquella mujer y me evitó la mitad del camino. Probé unas cuantas frases para
romper el hielo: «Perdona mi indiscreción, encanto, pero das la sensación de
haber salido de la cárcel a hombros»; «Con tu figura no me extrañaría que
vistieses con la ropa de tus muñecas»; «Me llamo Al, llevo en el Savoy más
tiempo que sus deudas y nada más verte, nena, me he convencido que tus ojos
podrían ser la distancia más corta entre los míos». Pero ella no se inmutó.
Al final de un sorbo, mostró su juego: «Me llamo Selma y no me enamoro
porque el amor no dura siempre». Aproveché la pista: «Pero no enamorarse por
miedo al final del amor, es tan ridículo como no veranear por miedo a que se
acabe el verano». Observé que Selma acababa su primera copa y pedía otras
dos sin darse tiempo siquiera a consumir la mitad de la segunda. Le pregunté
si era una manía. Su respuesta me devolvió al otro lado de la barra: «La
primera copa la pedí para conocerte, cielo; las otras dos copas, encanto,
las necesitaré para soportarte».

   Cuando murió, en el 94, Selma tenía el rostro crustáceo como si le
hubiesen sustituido las mandíbulas por los tiradores de un féretro. Su
cadáver aparentaba retención de huesos. Dicen que su autopsia fue una
partida de bolos...

 

 

José Luis Alvite. (Historias del Savoy)

     
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Instrucciones para subir una escalera

 

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.


Historia de Cronopios y de Famas
Julio Cortázar, 1962
     
     
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EL BOLERO


Un bolero es mi máxima velocidad sin
que dé negativo mi corazón. Además, muchacho, no conozco otra manera
más elegante de tomar rehenes. No hay preguntas. Tomas a una mujer
en tus brazos, muchacho, y no tienes que justificarte. El bolero es
una coartada. Os vais al centro de la pista, donde suena más fuerte
el sofrito de los pies que bailan, amigo mío, y entonces le haces
sitio a su cuerpo en el tuyo. Nunca te habías sentido así. Un bolero
es el sitio en el que mejor te sientes desde hace años. Y ella ladea
la cabeza en tu hombro y el olor de su pelo perdona tu pasado. Y
comprendes que un bolero es la manera de apagar la sed con esa
melena río abajo de la mujer cuya respiración redunda en la tuya.

   Te confieso, amigo mío, que un bolero fue la primera vez que mi
corazón fue una lengua. «Haces que me sienta en casa», le dije. Y
ella me contestó en el cuerpo apretando sus puños contra mi pecho.
¡Dios!, te juro, muchacho, que era la primera vez que me encontraban
el corazón sin un radar. Y aquella mujer y yo deambulamos suavemente
al tacto hacia el sitio donde la luz era una aguada y entonces,
¡Dios!, ¿sabes, maldita sea?, entonces nos encontramos en nuestras
bocas el inolvidable contrabando de un beso. Y le dije: «Cogerás
frío si cesa el bolero». Y dijo ella: «Soy una mujer entre
corrientes». Y un latigazo de su melena nos devolvió donde la luz
casi era leña ardiendo y nuestros pies se mezclaron con los pies de
la otra gente mientras a nuestra espalda se cerraba suavemente la
estela de nuestros pobres corazones aturdidos de angustia y esa vaga
esperanza que inunda a las personas solitarias que se conforman con
haber vivido unos pocos minutos en los brazos de alguien que llevaba
tiempo deshabitado y que también necesitaba de una pareja en cuyo
cuerpo resbalar aprovechando la dulce mucosa de un bolero.

 

José Luis Alvite. (Historias del Savoy)

 

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    VIDA

    Después de todo, todo ha sido nada,
    a pesar de que un día lo fue todo.
    Después de nada, o después de todo
    supe que todo no era más que nada.

    Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
    Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
    Ahora sé que la nada lo era todo,
    y todo era ceniza de la nada.

    No queda nada de lo que fue nada.
    (Era ilusión lo que creía todo
    y que, en definitiva, era la nada.)

    Qué más da que la nada fuera nada
    si más nada será, después de todo,
    después de tanto todo para nada.

     

     

    José Hierro